mis horas en la peluquería…en jueves.

 

 

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El cartel anunciante, lo decía con una claridad pasmosa: PELUQUERÍA SÁNCHEZ… Incluso el interior hablaba por sí solo: espejos, viejos, eso sí, un sillón de los de peluquero, más viejo que el par de espejos, pero en funcionamiento, tijeras, navajas de barbero, en fin, abalorios de peluquería y…y sí, sí, el señor Emeterio Sánchez, el peluquero, un viejo de una edad sin definir y simpático, amén de unas fotografías antiquísimas de rostros desconocidos para el presente con cortes de pelo perdidos en el fantasma del pretérito.

Cuando entré, el señor Sánchez me recibió con calma, apenas si podía caminar bien, y con sus gestos, mano tendida hacia el sillón y con su mirada, me invitó a sentarme en el viejo sillón. Así lo hice. Después me colocó una especie de babero blanco, el cual me ató al cuello y echó mano a algo que sacó de un cajón situado a mi espalda, lejos de mi mirada enfrentada en el espejo. Sin pensárselo dos veces, acompañando cada acción con una tonada vetusta, me sonaba a tonadas de la abuela Rebeca, comenzó a limar cada parte, cada recoveco de mi rostro. ¡Y es que lo que tenía en la mano derecha era una especie de lima! No paraba de canturrear y de limar. Y yo, paralizado, pero sin miedo, admitiendo cada acción de su mano derecha.

Al finalizar, me dijo que me mirara detenidamente al espejo. Así lo hice. Y vi mi yo no con mis 53 recién cumplidos, sino con unos 33 acabados de recuperar.

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de julianoelapostata56

10 comentarios el “mis horas en la peluquería…en jueves.

  1. Esa es la vieja esencia de las peluquerías, que aún así conservan su estilo, su experiencia sin importar el paso de los años. La prueba la tienes en tus manos, con tu nuevo look treintañero. Encantador aporte.
    Un abrazo

  2. Caramba, eso sí que es salir como nuevo e irreconocible… Menuda experiencia.
    Tú seguías yendo a la misma pelu y él hombre te seguía peinando igual…
    Pura esencia.

    Un beso.

  3. A ver si me pasas la direccion de la peluqueria Sanchez…..un relato con un encanto especial y mucho ingenio.Me encanto, un abrazo.

  4. El mío, no se llamaba Sanchéz (o sí, no recuerdo) pero también me quitaba kilos de pelo que se traducián a unos cuantos años menos. El milagro de la tijera, o de la lima en tu caso. Descarnado y sin florituras… muy Gus. Me GUStó

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